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viernes, 22 de julio de 2016

Las aguas más azules del mundo están en Turquía

Ölüdeniz, en la costa del suroeste mediterráneo de Turquía, tiene aguas más claras que las del Pacífico Sur.


Turquía no es sólo el antiguo esplendor de Bizancio, la encrucijada de Asia y Europa, la puerta del Bósforo o una de las cunas del Cristianismo. Turquía, además, puede precisarse de tener las aguas más claras del mediterráneo y, quizá, del mundo. El color turquesa de las playas del pueblo costero de Ölüdeniz no tiene nada que envidiar a las del Pacífico Sur, Hawaii o el Caribe.
Abrazada por las montañas circundantes, las aguas de la playa de Ölüdeniz son plácidas como pocas, prácticamente sin oleaje, lo que le ganó el apodo de “la laguna azul”
Abrazada por las montañas circundantes, las aguas de la playa de Ölüdeniz son plácidas como pocas, prácticamente sin oleaje, lo que le ganó el apodo de “la laguna azul”. El agua es tan cristalina que, como señala la nota del Huffington Post, quienes navegan en ella parecen estar remando en el aire. Las vistas aéreas son tan únicas que se ha convertido, además, en un destino popular entre los parapentistas del mundo.

Ölüdeniz está sólo a 3 horas, por tierra, de Selçuk, el lugar en el que, según la tradición, se encuentra la casa a la que Juan Evangelista, después de la muerte y Resurrección de Cristo, habría llevado a la Virgen María, huyendo de la persecución.

Pero si el atractivo de la playa le resulta poco (o si no se es amigo del kayaking o del vuelo en parapente) junto a la costa se encuentra el “Valle de las Mariposas”, una zona protegida que es el hogar de 80 especies distintas de mariposas, que se puede visitar, caminando, desde la playa.

Las vistas aéreas son tan únicas que se ha convertido, además, en un destino popular entre los parapentistas del mundo.

Y, por si fuese poco, Ölüdeniz está sólo a 3 horas, por tierra, de Selçuk, el lugar en el que, según la tradición, se encuentra la casa a la que Juan Evangelista, después de la muerte y Resurrección de Cristo, habría llevado a la Virgen María, huyendo de la persecución.


jueves, 19 de mayo de 2016

Irlanda

Por la Verde *Erin, de la mano del poeta William Butler Yeats, en su 150 aniversario


Los paisajes de la Verde Erin han sido semillero de santos y de grandes figuras literarias. Uno de sus escritores más destacado es el poeta y Premio Nobel de Literatura William Butler Yeats, de cuyo nacimiento se cumplió, en 2015, 150 años.

Para conmemorar esta efeméride y recorrer algunos de los lugares más emblemáticos que inspiraron su obra, se ha creado una nueva ruta literaria, que discurre por Sligo, su hogar espiritual; el condado de Galway, donde creó su hogar familiar y asentó su reputación, y la capital, Dublín, en donde junto a otros autores teatrales creó el Abbey Theatre, actualmente centro de la vida literaria irlandesa. Con motivo de la celebración, además hay previsto un intenso programa de encuentros y actividades culturales.




William Butler Yeats nació en Dublín el 13 de junio de 1865. A pesar de ser de origen dublinés, al poco tiempo de nacer se mudó junto con su familia a Sligo, lugar en el que pasó su infancia y que habría de marcarle profundamente. De hecho, fue en esta ciudad, descrita por el autor como “la tierra del deseo del corazón”, donde escribió El lago de la isla de Innisfree, uno de sus poemas más famosos y donde a día de hoy se encuentran sus restos mortales, enterrados bajo la sombra de la montaña Ben Bulben.
Otros lugares como la isla deshabitada de Lough Gill o Drumcliff, un pueblo sito a los pies de la montaña Benbulben, son también dignos de visitarse por su estrecha relación con el autor.
La siguiente escala obligada es el Condado de Galway. Aquí es donde Yeats construyó su hogar familiar y adquirió su gran reputación como escritor. A día de hoy, se puede realizar una ruta patrimonial por el castillo Thoor Ballylee, su casa de verano durante 12 años. El entorno del castillo le inspiró a Yeats poemas como La escalera de caracol o La Torre.




A poca distancia se encuentra Coole Park, un parque por el que el artista paseaba junto a otros escritores. En sus bosques y lago el poeta buscó la soledad, la inspiración y la paz. Fruto de ello fue la publicación de Los cisnes salvajes y En los siete bosques. Jetcost recomienda visitar en el bosque “el árbol de los autógrafos”, donde Yeats y otros autores grabaron sus iniciales, así como otros paisajes y lagos pertenecientes a la Ruta Costera del Atlántico como el Parque Nacional de Connemara.
La ruta concluye en la capital de Irlanda, donde Yeats fue clave en la creación del Teatro Abbey, con el que estuvo estrechamente vinculado hasta el momento de su fallecimiento, en 1.939, y donde se representó buena parte de su producción teatral.




Entre los numerosos actos programados con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Yeats, y que arrancan con la celebración en todo el mundo, el 13 de junio, del Día de Yeats, destacan una exposición pictórica en la Galería Nacional de Dublín de John Yeats, padre del poeta; una exposición permanente en la Biblioteca Nacional, con las obras del escritor, así como tours guiados en el Teatro Abbey de Dublín. Por su parte, el Museo de la ciudad de Galway acoge hasta agosto talleres educativos literarios. En Hargadon, uno de los pubs más emblemáticos de Sligo, cada día a las 13:00 horas se realizará una lectura de uno de los poemas de Yeats.

* Erin es un nombre propio femenino de origen gaélico de la raíz celta Īwerjū que derivó en Éirinn (actualmenteÉire), que significaba originalmente fertilidad pero con el tiempo se transformó en el nombre de la gente de la Isla. Otra versión indica que era el nombre de una diosa de los Milesianos según la mitología irlandesa.

martes, 17 de mayo de 2016

España, Cantabria

Barranquismo en Cantabria


Cantabria es un paraíso para el deporte de aventura. Su especial orografía con picos de gran altitud, estrechos valles, pequeños ríos rápidos y caudalosos, y un litoral con zonas de acantilados abruptos, hacen de toda la región un magnífico campo para el deporte de aventura.
Barranquismo en Cantabria y las rutas por sus ríos nos llevará por tierras de Soba y el Asón, los valles pasiegos, y las cuencas del Nansa y el Besaya, así como por las vegas lebaniegas.
Comenzamos el camino de los barrancos en la zona más oriental de Cantabria, en la comarca del Asón y Soba, donde encontramos un buen número de barrancos de diferentes extensiones y características.
Así, con nombres como Huerto del Rey, Argumedo, Anderal, Pico Canales, Resentíos o el Cantón de la Muela, entre otros, se asoman estos barrancos. En ellos encontramos grandes rápeles que pueden llegar hasta los 60 metros como en el Pico Canales o el Cantón de la Muela, y descensos cuya duración varía desde poco más de hora y media a cinco horas. Toboganes, cascadas y todo ello en terrenos cársticos y entre un paisaje de gran belleza.
Algunos son barrancos muy abiertos, mientras que otros discurren por cursos estrechos de los ríos. Asimismo el nivel de dificultad varía de unos a otros.
Pero no es solo el descenso, las aproximaciones al inicio del descenso de barrancos se convierten también en aventuras en sí mismas. Algunas son inmediatas, pero otras pueden suponer caminatas de algo más de una hora desde lcalidades como Soba, Gándara o el entornod el puerto de Los Tornos.
En la zona de los valles pasiegos nos encontramos con tres barrancos: Aján, Yera I y Yera II. Al de Aján se accede desde Vega de Pas, y el descenso viene a durar unas 3 horas con 45 minutos de aproximación. Cuenta con magníficos saltos y rápeles no excesivamente largos. Yera I y Yera II tienen el acceso a pocos kilómetros de Vega de Pas, y mientras que el I es bastante más largo, con más de tres horas de recorrido, el segundo se puede completar en poco más de 1 hora. Zona de bonitas cascadas y con rápeles intermedios.
En el valle del Nansa vamos a encontrarnos con los barrancos de San Sebastián de Garabandal, Tudanca, Celis y el embalse del Alsa.
El de Garabandal se inicia tomando una pista forestal que lleva hacia Peña Sagra y tiene una aproximación caminando de escasos minutos. Se trata de un recorrido repleto de cascadas y pozos, y su duración ronda la hora y media.
Cerca de San Sebastián de Garabandal, en Tudanca hay otro pequeño barranco, en la parte alta del curso del río Nansa, con diversos rápeles, algunos con más de 20 metros.
Ya en la parte media del curso del Nansa está el barranco de Celis, también de pequeña extensión y con varios rápeles.
En la cuenca del río Saja, en el valle de Cabuérniga, está el barranco de Vaiaña, que se inicia en la localidad del mismo nombre y que cuenta con toboganes y cascadas de gran belleza. Este barranco tiene una aproximación a pie un poco larga, y la bajada es de algo más de una hora.
En la cuenca del Besaya está el cañón del río Torina, junto a la presa del Alsa, en la localidad de Bárcena de Pie de Concha. Parte desde la gran presa del Alsa y cuenta con varios rápeles, el mayor de ellos de 25 metros.
La zona de Liébana, una de las comarcas donde más se practican deportes de aventura, también econtramos un buen número de recorridos por los barrancos de los ríos. En el desfiladero de La Hermida encontramos algunos de ellos como el de Cicera o el de Navedo. Todos están rodeados de una exuberante vegetación y en sus recorridos se disfruta de toboganes y cascadas. La duración del recorrido está en torno a las dos horas

lunes, 16 de mayo de 2016

FRANCIA VIII, La Rochelle.

La Rochelle. “Un tranquilo rincón de la costa atlántica francesa”


Siempre mirando hacia el mar, el puerto de La Rochelle se enriqueció gracias al comercio de la sal y del vino. A pesar de haber sido arrasada en su día por Richelieu, el casco histórico de esta ciudad todavía conserva vestigios del recinto medieval caracterizado por sus casas con paredes de entramado, las fachadas de piedra esculpida de los siglos XVI y XVII, las calles con soportales y las casas privadas de los armadores, entre otras tantas maravillas arquitectónicas. Gracias a un perímetro protegido, delimitado ya en los años 70 del pasado siglo XX, la ciudad pudo conservar su casco histórico y en particular su riqueza arquitectónica medieval y renacentista.

Dispone además de cuatro puertos: el Viejo Puerto con sus famosas Torres, el puerto del comercio de La Pallice, el puerto de pesca de Chef de Baie y el puerto de recreo des Minimes, donde tiene lugar la Grand Pavois, primer Salón Náutico flotante de Europa. Nuevos barrios como el barrio del Gabut repleto de casas coloridas o el barrio cercano al puerto de Minimes crecieron a su alrededor. Hoy en día, este puerto atrae a los visitantes con un ambiente agradable que invita al paseo. Sus callejuelas y sus puntos de atraque atraen cada año a 3 millones de turistas, lo que la convierte en la tercera ciudad más visitada de Francia.
El Gran Reloj vela sobre el azotacalles como velaba sobre la ciudad cuando era la antigua puerta del recinto medieval. Podemos beber una copa de cerveza en una de las terrazas del puerto admirando los veleros. En frente, las torres se reflejan en el estanque del pequeño puerto. ¡No, no es un decorado! Las tres torres que guardan la entrada de la ciudad datan de los siglos XIV y XV. Aquí es donde, con la mirada perdida entre los mástiles de los barcos, uno se dice a sí mismo que estaría bien pasear por la isla de Ré.
El encanto de La Rochelle reside casi siempre en sus barrios. Ambientes diferentes para cada momento del día. Por ejemplo, el Viejo Puerto para un desayuno en una de sus terrazas, después, rumbo al mercado para llenar la cesta de productos frescos. Cada mañana, en esta plaza del siglo XIX, a los habitantes de esta ciudad les gusta llenar sus cestos de productos buenos y sabrosos. Porque si uno quiere pescado u ostras, aquí es donde hay que venir. El miércoles y el sábado son los días del gran mercado. Aquí, las tablas de los carniceros, queseros, y pescaderos, se desbordan al igual que ocurre con los fruteros y vendedores de verduras en la plaza y calles vecinas.
Comprar comida de primera calidad en este mercado es dejarse tentar por los productos de la tierra, las ostras, el pescado y los mariscos, los famosos mejillones de Bouchot, Cognac, Pineau, el pan, los quesos…Porque este  mercado es algo atractivo. ¡Qué remolino de olores y colores! El barrio vive momentos vibrantes en esta plaza y sus pequeñas calles adyacentes. Sin embargo, por la tarde, hay un cambio de decorado y de ritmo, este hermoso lugar vivo y colorido se adormece.
Más tarde, cuando la luz declina, la cena puede ser exótica o típica de esta región, según nuestra inspiración. Pronto los restaurantes del barrio de San Juan de Pérot van a servir sus primeros platos. ¡Qué ebullición! ¡Qué mezcla de olores! Del perfume yodado de las conchas de los típicos molúscos (ostras, mejillones, almejas, caracolas…) a las especias azucaradas de Oriente, La Rochelle nos invita a probar todas las gastronomías del mundo que podemos encontrar en sus mesas.º
Y, al final, uno se puede fumar un cigarrillo, o un puro, al tiempo que charla entre amigos tomando una copa en las terrazas de los agradables bares que hay repartidos por el centro de esta hermosa ciuda