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sábado, 23 de julio de 2016

Islas Medes, refugio de piratas

Apenas veinte hectáreas de superficie, distribuidas aleatoriamente entre varios islotes, asoman entre las aguas del Mediterráneo, frente a las costas de Girona. A simple vista, semejan simples promontorios rocosos desolados, pero, un detallado examen permite descubrir unos extraordinarios valores naturales y una turbulenta historia.


 El pequeño archipiélago de las Islas Medes está compuesto por un total de siete islotes y algún que otro arrecife cuyos perfiles rompen la azul línea del horizonte a una milla escasa de la costa ampurdanesa del macizo del Montgrí. 

No obstante, a pesar de su mínima extensión y su áspero aspecto, las Islas Medes gozan de una historia plena de vicisitudes y, por ellas, han pasado innumerables civilizaciones. Entre ellas, los primeros en ocuparlas fueron navegantes griegos, como demuestran los diferentes restos encontrados y que pertenecen a la misma época que los vestigios hallados en el asentamiento helénico de Roses. Entre los objetos dejados por la civilización helena, destacan ánforas, ruedas de molino manuales, fragmentos de cántaros y cepos de ancla de plomo y piedra, así como de pizarra. Además, los vasos lacrimatorios de barro y vidrio y los huesos humanos encontrados en la Meda Gran, la isla más grande, permiten pensar que el lugar fue utilizado como necrópolis. Y, probablemente, también en la Meda Gran ya se explotaba la cantera de yeso que da nombre a la punta noroeste en esta época.


 La situación estratégica de las islas, próximas a la costa, posibilitaba realizar ataques rápidos a las poblaciones de la costa gerundense garantizando una retirada segura. Por ello, durante la Edad Media, las Islas Medes se convirtieron en el refugio elegido por los piratas que saqueaban, en veloces incursiones, no sólo las masías y los pueblos costeros, sino que también amenazaban el comercio marítimo, especialmente, aquellos barcos que se dirigían hacia el puerto de Barcelona.

“El buceo en las Islas Medes (Medas) es una experiencia inolvidable, es uno de los puntos de buceo más bonitos del mundo, en muchos libros de buceo se recoge este atractivo entorno donde cada buceador puede acercarse de manera fácil y amena a la vida submarina”.

Para intentar impedir y acabar con las andanzas de los corsarios, Martín el Humano ideó la construcción en el archipiélago de una torre de defensa y el establecimiento de un monasterio regentado por los Caballeros del Santo Sepulcro en la punta occidental de la Meda Gran. Sin embargo, el elevado coste de las obras de fortificación se alargaron demasiado en el tiempo, por lo que la citada orden decidió abandonar las islas. El cenobio pasó, entonces, por varias manos, sin conseguir una fundación estable, hasta que, en 1442, los genoveses atacaron el lugar y quemaron las dependencias y la capilla de Sant Miquel. Los edificios quedaron arruinados y terminaron desapareciendo en su totalidad, cuando, en 1552, el mar decidió recuperar, precisamente, el sitio en el cual se levantaban. Aquel pedazo de tierra se hundió, llevándose consigo el legado y los proyectos de el Humano.

 Posteriormente, los conflictos bélicos ocurridos a finales del siglo XVIII devolvieron cierto protagonismo a estas islas. En ellas, las tropas francesas edificaron una fortificación en 1794. Eran épocas revueltas y confusas, con la Revolución Francesa en pleno apogeo, por lo que la fortaleza de las Islas Medes no fue bien vista por sus potenciales enemigos. Por ello, el archipiélago fue invadido con prontitud por la poderosa armada inglesa, cuyos dirigentes convirtieron el fortín galo en un presidio militar. Posteriormente, en el transcurso de la guerra contra Napoleón Bonaparte, fueron ocupadas de nuevo por los franceses, aunque, con el fin de los días del general, volvieron a quedar bajo dominio español, quien, convencido de la estratégica situación y el valor de estas islas, mantuvo, hasta 1890, una guarnición que fue reduciéndose en número paulatinamente.

Anteriormente, en 1866, bajo el reinado de Isabel II, se instaló un faro cuyos restos, degradados por el paso del tiempo, todavía se conservan en pie. Aunque fue sustituido por el actual en 1930, el faro muestra la característica silueta de su torre sobre la vivienda de los antiguos fareros y, en los alrededores, arruinados, los restos dispersos de las antiguas baterías y construcciones militares.

En 1930, el faro fue sustituido por uno nuevo, automático, que, actualmente, funciona con energía solar. Dos años más tarde, en 1932, la Meda Gran fue definitivamente abandonada por el hombre y la naturaleza recuperó su inicial dominio absoluto sobre las islas. Ella ha sido la encargada de convertirlas, en su parte terrestre, en un paraíso ornitológico.

Fondos de coral
La desaparición de las acciones del hombre sobre las Islas Medes han permitido que estos pequeños territorios volvieran a ser conquistadas por las aves, de las cuales, a pesar del reducido espacio, se han contabilizado sesenta especies. Entre ellas, la más numerosa es la gaviota patiamarilla, de la que crían en el archipiélago hasta ocho mil parejas cada año. También nidifica, aunque en mucho menor número, el cormorán moñudo, que, de noviembre a marzo, se ve acompañado por los cormoranes grandes que llegan aquí, desde Escocia y Noruega, para pasar el invierno. Además, durante la noche, las Medes son el refugio elegido por la garza real, la garceta y el martinete, especies que pasan el día pescando en los aiguamolls costeros y regresan a las islas al atardecer.

Pero, aunque la vegetación y, especialmente, la fauna terrestre son dignas de estudio, lo que determina el excepcional valor de las Medes en el Mediterráneo es su medio marino. Casi todo el perímetro en contacto con el agua está formado por una cornisa de algas calcificadas en las que se alojan otros muchos organismos. Y por debajo de ella y hasta una profundidad de veinte metros, viven una gran diversidad de organismos entre los que destacan las gorgonias rojas y blancas.

La riqueza de estos fondos marinos se debe a la confluencia en las Islas Medes de diversos condicionantes. Por un lado, la proximidad de la costa y la desembocadura del río Ter aportan incontables cantidades de materia orgánica. Por otro, la influencia de los vientos y las corrientes del norte favorecen la entrada del agua del fondo, al mismo tiempo que la enriquecen con aportaciones orgánicas que llegan, incluso, desde el río Ródano italiano. Por último, las distintas profundidades del fondo, su variada composición, arenosa o rocosa, y su composición kárstica con grandes cavidades y túneles ha permitido el desarrollo de una gran variedad de ambientes y, por ende, el establecimiento de muy diversas especies asociadas a ellos. En total, se han llegado a identificar 1.345 taxones marinos en los grupos vegetales y animales estudiados.

Pero la variedad de especies se ha visto acompañada de una gran productividad. Así, los diferentes recursos que se encuentran en los ricos fondos marinos que rodean las Islas Medes ha atraído durante muchos años a los pescadores y, especialmente, a los coraleros, quienes han explotado estas costas. Particularmente, estos últimos intensificaron su actividad en toda la costa desde el siglo XVIII, hasta el punto de llegar a poner en serio peligro de desaparición el coral del archipiélago, sobre todo, a partir de la década de los cincuenta, cuando se introdujo el uso de la escafandra autónoma.

Más allá de los veinte metros, se extiende el denominado como nivel coralígeno, por creerse durante mucho tiempo que era aquí donde más abundaba esta especie. Su hábitat son las cuevas submarinas, formadas por las aguas cuando las islas formaban parte del cercano macizo de Montgrí. Por fortuna, hoy, los corales gozan de alta protección en los alrededores de las Medes. Mientras, los fondos arenosos se extienden hacia la costa, facilitando el desarrollo de amplias praderas de posidonias, cuyas hojas muertas son depositadas por las olas sobre la playa en forma de fibrosas bolas.

El valor biológico y natural del singular archipiélago de las Medes, animó la Generalitat de Catalunya a adoptar las primeras medidas de protección en 1983 y en 1985. En ellas, se fijaba una zona vedada de pesca alrededor de las islas, prohibiendo la explotación de otros recursos marinos. Posteriormente, la Ley 19/1990 de la misma Generalitat sobre conservación de la flora y fauna de su fondo marino, el archipiélago se convirtió en el mayor Parque Natural marino de Cataluña y en uno de los más importantes de todo el Mediterráneo.

jueves, 16 de junio de 2016

Jardines del Vaticano

Un patrimonio de belleza incalculable con mucha historia

Conoce los rincones más bellos


Los Jardines Vaticanos en la actualidad están dispersos a lo largo de casi 23 hectáreas, y contienen varias fortificaciones medievales, edificios y monumentos del Renacimiento y Barroco, con jardines, parques, huerto y hasta un área boscosa de 3 hectáreas.

Existen numerosas fuentes, esculturas y grutas artificiales, generalmente dedicados a la Virgen María u otros santos, y un olivo donado por el gobierno de Israel.




Su historia se remonta a los tiempos de Agripina, que hizo construir una villa en la zona y su hijo Calígula añade un circo, ampliado y enriquecido por Nerón, que viene usado del 64 al 67 d.C. como lugar de martirio de numerosos cristianos entre los cuales el apóstol san Pedro.
La tradición dice que en el sitio fue esparcida tierra procedente del Golgota por santa Helena para simbólicamente unir la sangre de Cristo con la vertida por miles de los primeros cristianos, que murieron en las persecuciones de Nerón.
La zona cambió decididamente de aspecto con el emperador Constantino, quien después de haber concedido a los cristianos la libertad de culto ordena construir la Basílica San Pedro.
En el 894 hizo construir una gran muralla alrededor para defensa contra saqueos de los sarracenos, llamada hasta ahora mure leonine.



El papa Nicolás III (1277-1280) trasladó la residencia papal del Laterano al Vaticano. En el interior de las murallas que mandó levantar para defender su residencia, el Papa mandó plantar árboles frutales (pomerium), un prado (pratellum) y un verdadero jardín (viridarium).
Este primer núcleo surgió cerca de la colina de San Egidio, donde actualmente se encuentra el Palacete del Belvedere y el Patio de los Museos Vaticanos.
El sitio sufrió un gran remodelado del paisaje en los comienzos del siglo XVI, durante el papado del papa Julio II.
El diseño original del Bramante fue entonces dividido en tres nuevos patios, el Cortil del Belvedere, la Biblioteca y de la Piña en el estilo del diseño del paisaje del Renacimiento.



Son innumerables las especies de flora que constituyen este oasis de paz y serenidad. Entre aquella típicamente mediterránea conviven otras provenientes de todo el mundo perfectamente ambientadas, incluso auténticas rarezas botánicas donadas a los papas durante siglos.

También es habitada por una rica fauna, diferentes aves, como la ruidosa comunidad de loritos monjes, ranas, sapos, serpientes, y en la zona boscosa hasta se pueden encontrar erizos, ardillas y zorros. En un tiempo hasta se podían ver gacelas y ciervos.



Jardines y monumentos

Paseando por los diferentes tranquilos senderos, podemos constatar los diferentes jardines al estilo italiano, inglés y francés, con sus respectivas características.

El jardín a la italiana tiene una característica muy formal y geométrica, y con particularidades muy propias del renacimiento.



El francés lo distingue su gran expresión en el arte clásico barroco, enriquecida con estatuas y juegos de agua.



El jardín inglés al contrario de los otros dos, que tienen grandes características geométricas, tiene más elementos naturales y artificiales, incluyendo, cuevas, arroyos, árboles, arbustos, pagodas, pérgolas, templos y ruinas.



Las fuentes dan una belleza inusitada a todo este maravilloso complejo de naturaleza, como la del Laghetto, de la Vela, de la Cruz griega, del Candelabro, de la Cabaña China, de las Ranas, de los Cinco caños y muchas otras (97 en todo el Vaticano) hasta llegar a la gran fuente del Aquilone (Águila) querida por el papa Pablo V (la caída de gran cantidad de agua en cascada proviene del Lago de Bracciano que se encuentra a 39 km de la zona.




La fuente de la Galera construida en el 1620 por Vasanzio, donde en el espejo de agua aparece como una espléndida Galera de plomo con cañones que disparan agua.
El papa Urbano VIII la celebró con un distico latino: Bellica Pontificem non fundit machina flammas / Sed dulcem belli qua perit ignis aquam (la máquina de guerra de los papas no dispara llamas, más bien agua dulce que apaga el fuego de la guerra).



Entre los monumentos importantes podemos encontrar:

El monumento a San Pedro, destinado en un principio a conmemorar el Concilio Vaticano I sobre la colina del Gianicolo y después colocado en el Vaticano, primero en el patio de los Museos, actualmente detrás de la Basílica Vaticana.


La Gruta de Lourdes, corazón espiritual del parque, copia fiel de la de Massabielle, donada por los franceses al Papa León XIII en 1902.

En ella sobre el altar original de Lourdes, donación al pontífice Juan XXIII, se ve la estatua de la Virgen, ante la cual, el Papa suele bendecir a los fieles tras una sugestiva procesión de antorchas por los Jardines Vaticanos al concluirse el mes de mayo.



La campana-recuerdo del Gran Jubileo del dos mil, colocada aquí después del Año Santo.



El templete de la Señora de la Guardia, regalada por los genoveses a su conciudadano, el papa Benedicto XV .



La Casina de Pío IV, un palacete mandado construir por el Papa Pablo IV y terminado por Pío IV en 1558, debía servir para el descanso estival del Pontífice además de albergue de caza en medio de una naturaleza, en aquel tiempo, rica de animales.

En el lejano 1288, los jardines de la Casina de Pío IV dieron lugar en Italia a las primeras reflexiones sobre botánica sistemática, cuando el médico del papa Nicolás IV Simón de Génova plantó un huerto de hierbas para las curas del Pontífice y comenzó a clasificar de modo más sintético y sistemático los nombres de las diversas esencias medicinales que cultivaba.



La Academia Pontificia de las Ciencias: hoy en lugar de este jardín crecen cedros seculares y grandes secuoyas americanas que se desarrollan rápidamente gracias a la buena adaptación y a la protección del lugar, y en lugar de la caza, en la Casina de Pio IV, se celebran las reuniones de las Academias Pontificias de Ciencias y de Ciencias Sociales.
Junto al Jardín Italiano, se encuentra el centro de transmisiones “Marconi”(Radio Vaticano), desde donde el célebre científico transmitió por primera vez un mensaje de radio en presencia del papa Pío XI, el primero que creyó en el valor del revolucionario descubrimiento.
El Helipuerto mandado realizar por el papa Pablo VI. Desde aquí los Papas dejan habitualmente el Vaticano para asistir a las numerosas visitas pastorales, protegidos por la imagen en bronce de la Virgen Negra de Czestochowa.

Los papas en el jardín

Los papas de nuestro tiempo han demostrado siempre una especial atención a los jardines del Vaticano y eran muchos los que asistieron a ellas por sus paseos diarios buscando soledad y meditación.
León XIII había llenado de animales los huertos del Vaticano. Un día paseando por el huerto casi es atropellado por una gacela provocando el terror de los presentes. El papa para tranquilizar a todos, expresó: “Jamás se vio que un León tenga miedo de una gacela”.
Pío XII tenía una relación especial con las aves, que revoloteaban a su alrededor y hasta a veces las tórtolas se le posaban en su hombro acompañándolo a lo largo de los senderos del parque.
Juan XXIII por lo general, daba largos paseos, solo o en alguna empresa como obispo, y se convirtió en una experiencia memorable el viaje que hizo el tren partiendo desde los jardines del Vaticano hasta Loreto con ocasión de la celebración del Santuario de la Virgen.

Pablo VI quiso recrear la atmósfera de los jardines también en las terrazas de los palacios apostólicos haciendo colocar jardines colgantes para refugiarse durante las pausas de sus muchos compromisos pastorales.
Juan Pablo II amó mucho los jardines aunque no los frecuentó asiduamente a causa de los múltiples desplazamientos tanto en Italia como al exterior y dio instrucciones para que ellos se mantuvieran con extremo cuidado a fin de mantener alrededor de la Basílica de San Pedro un oasis de paz y serenidad.

Benedicto XVI es habitual que rece el rosario por los senderos del jardín, generalmente lo hace acompañado por su secretario a las 17.00 horas.
Papa Francisco debido a su agenda diaria tan apretada no es asiduo a los paseos en los jardines, pero al poco tiempo de su ingreso al pontificado hizo inaugurar un monumento a san Miguel arcángel, designándolo junto a Benedicto XVI patrono del Estado de la Ciudad del Vaticano.

domingo, 12 de junio de 2016

Cinco maravillas naturales que debes conocer en Estados Unidos

Porque no todo es Times Square o Miami Beach

Gran Cañon

El Servicio de Parques Nacionales de los Estados Unidos (NPS, por sus siglas en inglés) ha publicado una guía completa online para turistas que tengan intenciones de conocer las bellezas naturales del país. Aquí, les ofrecemos cinco de estos lugares, desde los más secos y desérticos a los más ricos en biodiversidad y verdor.
El Valle de la Muerte, entre California y Nevada
El Valle de la Muerte, entre California y Nevada
Valle de la Muerte, California-Nevada – Situado por debajo del nivel del mar, es el lugar más seco y caliente de toda América del Norte. Una constante sequía y los récords de calor durante el verano hacen del Valle de la Muerte una tierra de extremos, pero lo realmente interesante de este sitio está en sus increíbles contrastes: los picos de las montañas que rodean al valle tienen nieves perpetuas, y las tormentas ocasionales hacen florecer el valle cubriéndolo de una alfombra prácticamente infinita de flores.
A pesar de su nombre, el Valle de la Muerte es, sin embargo, una reserva de biodiversidad insospechada: en sus numerosos oasis, por ejemplo, se puede pescar.
La costa Atlántica de Maine
La costa Atlántica de Maine
Acadia, Maine – Muy poco ha cambiado el paisaje de la costa de Maine desde que el explorador francés Samuel De Champlain la recorrió en 1604. Quienes la visitan, lo hacen atraídos por la belleza de sus bosques, ríos y costas, para caminar por sus montañas de granito, o para cubrir en bicicleta las rutas históricas que anteriormente se recorrían en carretas. Las islas de la costa de Maine, además, fueron el primer parque nacional declarado en el siglo XX al este del río Mississippi.

Del centro de Kentucky al centro de la tierra
Las Cuevas del Mamut, Kentucky 
Declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad en 1981, este parque nacional subterráneo es un conjunto de más de 600 kilómetros de cavernas, túneles y galerías que han sido visitadas por seres humanos desde hace al menos seis mil años. Es, con  mucho, el sistema de cuevas más grande del mundo.

Algunos árboles del Redwood forest tienen más de 500 años
Bosque Redwood, California 
 Muchos conocen el bosque de Redwood de California por ser el hogar de los árboles más altos del planeta. Y es cierto. Pero, además, el parque también alberga vastas praderas, bosques de robles, ríos y riachuelos naturales, no embaulados y más de cuarenta millas de costa Pacífica. Es, queda sobreentendido, un mosaico de vida natural en el que las estrellas son, desde luego, los árboles de más de 100 metros de alto y casi 600 años de edad.

No todo es nieve y hielo en Alaska
Denali, Alaska 
En una frase, Denali es una extensión de seis millones de acres de tierra salvaje, virgen, en el corazón de Alaska central, cruzados de largo a largo por un camino que lleva a los visitantes al parque nacional. En las laderas del camino, los visitantes pueden ver cómo el bosque de taiga se convierte paulatinamente en tundra hasta llegar al pico más alto de toda América del Norte: el monte McKinley, de más de seis mil metros de altura.

Conoce las “Islas de los Apóstoles”

Las más hermosas cuevas "marinas" de los Grandes Lagos, en Estados Unidos


No; no me refiero a las islas del mar Egeo, o del Mediterráneo. No se trata de Patmos, donde Juan habría escrito el Apocalipsis.
Estas islas, en las que se encuentran las más hermosas cuevas marinas –aunque se trata, realmente, de un lago- están en los Estados Unidos, al norte de Wisconsin, en Lake Superior, uno de los Grandes Lagos.
Durante el invierno, cuando el lago se congela, las cuevas se convierten en un espectáculo digno de contemplar, y los visitantes pueden caminar desde la orilla.
Durante el invierno, cuando el lago se congela, las cuevas se convierten en un espectáculo digno de contemplar, y los visitantes pueden caminar desde la orilla.
Las cuevas a los costados de las islas, podría uno pensar, inspiraron al historiador neo-francés Pierre Francois Xavier de Charlevoix para bautizar las islas como lo hizo, quizá evocando las cuevas en las que se retiraron los primeros anacoretas en el desierto sirio, en los primeros siglos del cristianismo. La verdad, sin embargo, es más sencilla, y quizá menos devota: si bien las islas son oficialmente 22, doce de ellas son lo suficientemente grandes como para considerarse, digamos, significativas. La más pequeña de estas islas, Gull Island, sólo mide una hectárea, por ejemplo.
Durante el invierno, cuando el lago se congela, las cuevas se convierten en un espectáculo digno de contemplar, y los visitantes pueden caminar desde la orilla.
Durante el verano, las cuevas y túneles de los costados de las islas son prácticamente inaccesibles, incluso en bote, e intentar entrar en ellas puede ser innecesariamente peligroso. Pero, como se lee en Atlas Obscura, durante el invierno, cuando el lago se congela, las cuevas se convierten en un espectáculo digno de contemplar, y los visitantes pueden caminar desde la orilla, cuando el hielo se endurece lo suficiente, para admirar la belleza de las cámaras naturales congeladas.